1). Concepto de El Barroco. Origen.
El Barroco es un movimiento
artístico y cultural extendido por toda Europa y que entraña la renuncia de las
ideas del Renacimiento. El barroco trae consigo una renovación de técnicas y de
estilos. En España la Contrarreforma influye en gran medida sobre este
movimiento; las expresiones italianas se asimilan pero al mismo tiempo se
españolizan y las técnicas y estilos se adaptan a la tradición española.
El Barroco que surge como evolución
natural de la literatura renacentista durante el siglo XVII, se manifesto como
un fenómeno cultural que invadió el campo de las artes. Ya a finales del siglo
XVI comienza a observarse un cambio en las formas sencillas del Renacimiento.
Los escritores barrocos, que recargan el estilo para conseguir mayor belleza o
significación, siguen dos movimientos diferentes: culteranismo y conceptismo.
2). Principales
representates del Barroco.
Seguidores de una o ambas corrientes expresivas: culteranismo y conceptismo,
destacan autores como Francisco de Quevedo y Luis de Góngora:
Francisco de Quevedo
Siguiendo a la corte, en 1606 se instaló en Madrid, donde continuó los
estudios de teología e inició su relación con el duque de Osuna, a quien
Francisco de Quevedo dedicó sus traducciones de Anacreonte, autor hasta
entonces nunca vertido al español.
En 1613 Quevedo acompañó al duque a Sicilia como secretario de Estado, y
participó como agente secreto en peligrosas intrigas diplomáticas entre las
repúblicas italianas. De regreso en España, en 1616 recibió el hábito de
caballero de la Orden de Santiago. Acusado, parece que falsamente, de haber
participado en la conjuración de Venecia, sufrió una circunstancial caída en
desgracia, a la par, y como consecuencia, de la caída del duque de Osuna
(1620); detenido fue condenado a la pena de destierro en su posesión de Torre
de Juan Abad (Ciudad Real).
Sin embargo, pronto recobró la confianza
real, con la ascensión al poder del conde-duque de Olivares, quien se convirtió
en su protector y le distinguió con el título honorífico de secretario real.
Pese a ello, Quevedo volvió a poner en peligro su estatus político al mantener
su oposición a la elección de santa Teresa como patrona de España en favor de
Santiago Apóstol, a pesar de las recomendaciones del conde-duque de Olivares de
que no se manifestara, lo cual le valió, en 1628, un nuevo destierro, esta vez
en el convento de San Marcos de León.
Pero no tardó en volver a la corte y continuar con su actividad política,
con vistas a la cual se casó, en 1634, con Esperanza de Mendoza, una viuda que
era del agrado de la esposa de Olivares y de quien se separó poco tiempo
después. Problemas de corrupción en el entorno del conde-duque provocaron que
éste empezara a desconfiar de Quevedo, y en 1639, bajo oscuras acusaciones, fue
encarcelado en el convento de San Marcos, donde permaneció, en una minúscula
celda, hasta 1643. Cuando salió en libertad, ya con la salud muy quebrantada,
se retiró definitivamente a Torre de Juan Abad.
La obra de Francisco de Quevedo
| La cuna y la sepultura, de Francisco de Quevedo |
Como literato, Quevedo cultivó todos los
géneros literarios de su época. Se dedicó a la poesía desde muy joven, y
escribió sonetos satíricos y burlescos, a la vez que graves poemas en los que
expuso su pensamiento, típico del Barroco. Sus mejores poemas muestran la
desilusión y la melancolía frente al tiempo y la muerte, puntos centrales de su
reflexión poética y bajo la sombra de los cuales pensó el amor.
A la profundidad de las reflexiones y la complejidad conceptual de sus
imágenes, se une una expresión directa, a menudo coloquial, que imprime una
gran modernidad a la obra. Adoptó una convencida y agresiva postura de rechazo
del gongorismo, que le llevó a publicar agrios escritos en que satirizaba a su
rival, como la Aguja de navegar cultos con la receta para hacer Soledades en un
día (1631). Su obra poética, publicada póstumamente en dos volúmenes, tuvo un
gran éxito ya en vida del autor, especialmente sus letrillas y romances,
divulgados entre el pueblo por los juglares y que supuso su inclusión, como
poeta anónimo, en la Segunda parte del Romancero general (1605).
En prosa, la producción de Francisco de Quevedo es también variada y
extensa, y le reportó importantes éxitos. Escribió desde tratados políticos
hasta obras ascéticas y de carácter filosófico y moral, como La cuna y la
sepultura (1634), una de sus mejores obras, tratado moral de fuerte influencia
estoica, a imitación de Séneca. Sobresalió con la novela picaresca Historia de
la vida del Buscón, llamado don Pablos, obra ingeniosa y de un humor corrosivo,
impecable en el aspecto estilístico, escrita durante su juventud y desde
entonces publicada clandestinamente hasta su edición definitiva.
Más que su originalidad como pensador, destaca su total dominio y
virtuosismo en el uso de la lengua castellana, en todos sus registros, campo en
el que sería difícil encontrarle un competidor.
Luis de Góngora y Argote
(Córdoba, España, 1561-id., 1627) Poeta español. Nacido en el seno de una
familia acomodada, estudió en la Universidad de Salamanca. Nombrado racionero
en la catedral de Córdoba, desempeñó varias funciones que le brindaron la
posibilidad de viajar por España. Su vida disipada y sus composiciones profanas
le valieron pronto una amonestación del obispo (1588).
| Luis de Góngora |
En 1603 se hallaba en la corte, que había sido trasladada a Valladolid,
buscando con afán alguna mejora de su situación económica. En esa época
escribió algunas de sus más ingeniosas letrillas, trabó una fecunda amistad con
Pedro Espinosa y se enfrentó en terrible y célebre enemistad con su gran rival,
Francisco de Quevedo. Instalado definitivamente en la corte a partir de 1617,
fue nombrado capellán de Felipe III, lo cual, como revela su correspondencia,
no alivió sus dificultades económicas, que lo acosarían hasta la muerte.
Aunque en su testamento hace referencia a su «obra en prosa y en verso», no
se ha hallado ningún escrito en prosa, salvo las 124 cartas que conforman su
epistolario, testimonio valiosísimo de su tiempo. A pesar de que no publicó en
vida casi ninguna de sus obras poéticas, éstas corrieron de mano en mano y
fueron muy leídas y comentadas.
En sus primeras composiciones (hacia 1580) se adivina ya la implacable vena
satírica que caracterizará buena parte de su obra posterior. Pero al estilo
ligero y humorístico de esta época se le unirá otro, elegante y culto, que
aparece en los poemas dedicados al sepulcro del Greco o a la muerte de Rodrigo
Calderón. En la Fábula de Píramo y Tisbe (1617) se producirá la unión perfecta
de ambos registros, que hasta entonces se habían mantenido separados.
Entre 1612 y 1613 compuso los poemas extensos Soledades y la Fábula de
Polifemo y Galatea, ambos de extraordinaria originalidad, tanto temática como
formal. Las críticas llovieron sobre estas dos obras, en parte dirigidas contra
las metáforas extremadamente recargadas, y a veces incluso «indecorosas» para
el gusto de la época. En un rasgo típico del Barroco, pero que también suscitó
polémica, Góngora rompió con todas las distinciones clásicas entre géneros
lírico, épico e incluso satírico. Juan de Jáuregui compuso su Antídoto contra
las Soledades y Quevedo lo atacó con su malicioso poema Quien quisiere ser
culto en sólo un día... Sin embargo, Góngora se felicitaba de la incomprensión
con que eran recibidos sus intrincados poemas extensos: «Honra me ha causado
hacerme oscuro a los ignorantes, que ésa es la distinción de los hombres
cultos».
El estilo gongorino es sin duda muy
personal, lo cual no es óbice para que sea considerado como una magnífica
muestra del culteranismo barroco. Su lenguaje destaca por el uso reiterado del
cultismo, sea del tipo léxico, sea sintáctico (acusativo griego o imitación del
ablativo absoluto latino). La dificultad que entraña su lectura se ve acentuada
por la profusión de inusitadas hipérboles barrocas, hiperbatones y desarrollos
paralelos, así como por la extraordinaria musicalidad de las aliteraciones y el
léxico colorista y rebuscado.
Su peculiar uso de recursos
estilísticos, que tanto se le criticó, ahonda de hecho en una vasta tradición
lírica que se remonta a Petrarca, Mena o Herrera. A la manera del primero,
gusta Góngora de las correlaciones y plurimembraciones, no ya en la línea del
equilibrio renacentista sino en la del retorcimiento barroco. Sus perífrasis y
la vocación arquitectónica de toda su poesía le dan un aspecto oscuro y
original, extremado si cabe por todas las aportaciones simbólicas y mitológicas
de procedencia grecolatina.
Su fama fue enorme durante el Barroco,
aunque su prestigio y el conocimiento de su obra decayeron luego hasta bien
entrado el siglo XX, cuando la celebración del tercer centenario de su muerte
(en 1927) congregó a los mejores poetas y literatos españoles de la época
(conocidos desde entonces como la Generación del 27) y supuso su definitiva
revalorización crítica.
3) Biografia de Sor Juana Inés de la Cruz
Sor Juana Inés de la Cruz
| Sor Juana Inés de la Cruz |
(Juana Inés de Asbaje y Ramírez; San Miguel de Nepantla, actual
México, 1651 - Ciudad de México, id., 1695) Escritora mexicana. Fue la mayor
figura de las letras hispanoamericanas del siglo XVII. Niña prodigio, aprendió
a leer y escribir a los tres años, y a los ocho escribió su primera loa.
Admirada por su talento y precocidad, a los catorce fue dama de honor de Leonor
Carreto, esposa del virrey Antonio Sebastián de Toledo. Apadrinada por los
marqueses de Mancera, brilló en la corte virreinal de Nueva España por su
erudición y habilidad versificadora.
Pese a la fama de que gozaba, en 1667 ingresó en un convento de
las carmelitas descalzas de México y permaneció en él cuatro meses, al cabo de
los cuales lo abandonó por problemas de salud. Dos años más tarde entró en un
convento de la Orden de San Jerónimo, esta vez definitivamente. Dada su escasa
vocación religiosa, parece que sor Juana Inés de la Cruz prefirió el convento
al matrimonio para seguir gozando de sus aficiones intelectuales: «Vivir sola...
no tener ocupación alguna obligatoria que embarazase la libertad de mi estudio,
ni rumor de comunidad que impidiese el sosegado silencio de mis libros»,
escribió.
Su celda se convirtió en punto de reunión de poetas e
intelectuales, como Carlos de Sigüenza y Góngora, pariente y admirador del
poeta cordobés, cuya obra introdujo en el virreinato, y también del nuevo
virrey, Tomás Antonio de la Cerda, marqués de la Laguna, y de su esposa, Luisa
Manrique de Lara, condesa de Paredes, con quien le unió una profunda amistad.
En su celda también llevó a cabo experimentos científicos, reunió
una nutrida biblioteca, compuso obras musicales y escribió una extensa obra que
abarcó diferentes géneros, desde la poesía y el teatro, en los que se aprecia
la influencia de Góngora y Calderón, hasta opúsculos filosóficos y estudios
musicales.
Perdida gran parte de esta obra, entre los escritos en prosa que
se han conservado cabe señalar la carta Respuesta a sor Filotea de la Cruz,
seudónimo de Manuel Fernández de la Cruz, obispo de Puebla. En 1690, éste había
hecho publicar la Carta atenagórica, en la que sor Juana hacía una dura crítica
al «sermón del Mandato» del jesuita portugués António Vieira sobre las «finezas
de Cristo», acompañada de una «Carta de sor Filotea de la Cruz», en la que, aun
reconociendo el talento de la autora, le recomendaba que se dedicara a la vida
monástica, más acorde con su condición de monja y mujer, que a la reflexión
teológica, ejercicio reservado a los hombres.
A pesar de la contundencia de su respuesta, en la que daba cuenta
de su vida y reivindicaba el derecho de las mujeres al aprendizaje, pues el
conocimiento «no sólo les es lícito, sino muy provechoso», la crítica del
obispo la afectó profundamente, tanto, que poco después sor Juana Inés de la
Cruz vendió su biblioteca y todo cuanto poseía, destinó lo obtenido a
beneficencia y se consagró por completo a la vida religiosa.
Murió mientras ayudaba a sus compañeras enfermas durante la
epidemia de cólera que asoló México en el año 1695. La poesía del Barroco
alcanzó con ella su momento culminante, y al mismo tiempo introdujo elementos
analíticos y reflexivos que anticipaban a los poetas de la Ilustración del
siglo XVIII.
Sus obras completas se publicaron en España en tres
volúmenes: Inundación castálida de la única poetisa, musa décima, sor Juana
Inés de la Cruz (1689), Segundo volumen de las obras de sor Juana Inés
de la Cruz (1692) y Fama y obras póstumas del Fénix de México
(1700).
4) Sor Juana Ines de la Cruz
REDONDILLAS
a la mujer sin razón,
sin ver que sois la ocasión
de lo mismo que culpáis:
si con ansia sin igual
solicitáis su desdén,
¿por qué queréis que obren bien
si la incitáis al mal?
Cambatís su resistencia
y luego, con gravedad,
decís que fue liviandad
lo que hizo la diligencia.
Parecer quiere el denuedo
de vuestro parecer loco
el niño que pone el coco
y luego le tiene miedo.
Queréis, con presunción necia,
hallar a la que buscáis,
para pretendida, Thais,
y en la posesión, Lucrecia.
¿Qué humor puede ser más raro
que el que, falto de consejo,
él mismo empaña el espejo,
y siente que no esté claro?
Con el favor y desdén
tenéis condición igual,
quejándoos, si os tratan mal,
burlándoos, si os quieren bien.
Siempre tan necios andáis
que, con desigual nivel,
a una culpáis por crüel
y a otra por fácil culpáis.
¿Pues como ha de estar templada
la que vuestro amor pretende,
si la que es ingrata, ofende,
y la que es fácil, enfada?
Mas, entre el enfado y pena
que vuestro gusto refiere,
bien haya la que no os quiere
y quejaos en hora buena.
Dan vuestras amantes penas
a sus libertades alas,
y después de hacerlas malas
las queréis hallar muy buenas.
¿Cuál mayor culpa ha tenido
en una pasión errada:
la que cae de rogada,
o el que ruega de caído?
¿O cuál es más de culpar,
aunque cualquiera mal haga:
la que peca por la paga,
o el que paga por pecar?
Pues ¿para qué os espantáis
de la culpa que tenéis?
Queredlas cual las hacéis
o hacedlas cual las buscáis.
Dejad de solicitar,
y después, con más razón,
acusaréis la afición
de la que os fuere a rogar.
Bien con muchas armas fundo
que lidia vuestra arrogancia,
pues en promesa e instancia
juntáis diablo, carne y mundo.
5) Seleccionar 4 redondillas y explicar el significado de cada una
a- Hombres necios que acusáis
a la mujer sin razón,
sin ver que sois la ocasión
de lo mismo que culpáis:
Quiere decir que Sor Juana Ines de la Cruz pide que cada hombre tome consiencia y asuma con responsabilidad sus errores y no culpe siempre a la mujeres
b- Con el favor y desdén
tenéis condición igual,
quejándoos, si os tratan mal,
burlándoos, si os quieren bien.
tenéis condición igual,
quejándoos, si os tratan mal,
burlándoos, si os quieren bien.
Lo que quiere decir es que todos los hombres no tenian ni un aprecio por las buenas acciones de la mujeres
c- ¿Cuál mayor culpa ha tenido
en una pasión errada:
la que cae de rogada,
o el que ruega de caído?
Quiere dar a conocer de quien tiene mas la culpa de haber una mala relacion, si la mujer al ser rogada o el hombre que le ruega a ella.
d- Bien con muchas armas fundo
que lidia vuestra arrogancia,
pues en promesa e instancia
juntáis diablo, carne y mundo.
Sor Juana dice que los hombres prefieren resolver problemas con violencia que con discuciones
6) Busca la biografia de una mujer que se aya destacado en la historia universal
Juana de Arco
| Juana de Arco (Óleo de Ingres) |
(Domrémy, Francia, 1412 - Ruán, id., 1431) Santa y heroína
francesa. Nacida en el seno de una familia campesina acomodada, la infancia de
Juana de Arco transcurrió durante el sangriento conflicto enmarcado en la
guerra de los Cien Años que enfrentó al delfín Carlos, primogénito de Carlos VI
de Francia, con Enrique VI de Inglaterra por el trono francés, y que provocó la
ocupación de buena parte del norte de Francia por las tropas inglesas y
borgoñonas.
A los trece años, Juana de Arco confesó haber visto a san Miguel,
a santa Catalina y a santa Margarita y declaró que sus voces la exhortaban a
llevar una vida devota y piadosa. Unos años más tarde, se sintió llamada por
Dios a una misión que no parecía al alcance de una campesina analfabeta: dirigir
el ejército francés, coronar como rey al delfín en Reims y expulsar a los
ingleses del país.
En 1428 viajó hasta Vaucouleurs con la intención de unirse a las
tropas del príncipe Carlos, pero fue rechazada. A los pocos meses, el asedio de
Orleans por los ingleses agravó la delicada situación francesa y obligó al
delfín a refugiarse en Chinon, localidad a la que acudió Juana, con una escolta
facilitada por Roberto de Baudricourt, para informar a Carlos acerca del
carácter de su misión.
Éste, no sin haberla hecho examinar por varios teólogos, accedió
al fin a confiarle el mando de un ejército de cinco mil hombres, con el que
Juana de Arco consiguió derrotar a los ingleses y levantar el cerco de Orleans,
el 8 de mayo de 1429. A continuación, realizó una serie de campañas victoriosas
que franquearon al delfín el camino hacia Reims y permitieron su coronación
como Carlos VII de Francia (17 de julio de 1429).
Acabado su cometido, Juana de Arco dejó de oír sus voces
interiores y pidió permiso para volver a casa, pero ante la insistencia de
quienes le pedían que se quedara, continuó combatiendo, primero en el
infructuoso ataque contra París de septiembre de 1429, y luego en el asedio de
Compiègne, donde fue capturada por los borgoñones el 24 de mayo de 1430.
Entregada a los ingleses, Juana de Arco fue trasladada a Ruán y
juzgada por un tribunal eclesiástico acusada de brujería, con el argumento de
que las voces que le hablaban procedían del diablo, con lo cual se pretendía
presentar a Carlos VII como seguidor de una bruja para desprestigiarlo. Tras un
proceso inquisitorial de tres meses, fue declarada culpable de herejía y
hechicería; pese a que ella había defendido siempre su inocencia, acabó por
retractarse de sus afirmaciones, y ello permitió conmutar la sentencia de
muerte inicial por la de cadena perpetua.
Días más tarde, sin embargo, recusó la abjuración y reafirmó el
origen divino de las voces que oía, por lo que, condenada a la hoguera, fue
ejecutada el 30 de mayo de 1431 en la plaza del mercado viejo de Ruán. Durante
unos años, corrió el rumor de que no había muerto quemada en la hoguera, ya que
habría sido sustituida por otra muchacha, para casarse posteriormente con
Roberto des Armoises. En 1456, Juana de Arco fue rehabilitada solemnemente por
el papa Calixto III, a instancias de Carlos VII, quien promovió la revisión del
proceso. Considerada una mártir y convertida en el símbolo de la unidad
francesa, fue beatificada en 1909 y canonizada en 1920, año en que Francia la
proclamó su patrona.
ESPINOZA, Matías Fernando